Sueños de piedra, de Iria G. Parente y Selene M. Pascual.

SINOPSIS

Érase una vez un reino muy, muy lejano donde un príncipe premió a un mago por ayudar a rescatar a una joven en apuros.

Encantador. Lástima que nada de esto sea verdad.

En realidad, el príncipe sueña con gloria y venganza; el mago, con que sus hechizos no sean siempre un desastre y la joven en apuros, con huir de un pasado que la atormenta… y del recuerdo del hombre al que ha matado.

Érase una vez…

La trama de Sueños de piedra se centra en el viaje por Marabilia (el universo ficticio en el que se sitúa esta novela) que realizan tres personajes —Arthmael, Lynne y Hazan—, cada uno en pos de un objetivo diferente: Lynne quiere huir de su pasado y convertirse en mercader, Arthmael quiere realizar hazañas para que le nombren rey a él y no a su hermano bastardo y Hazan intenta encontrar una cura para su hermana.

Sin embargo, las autoras toman esta trama como premisa para tratar temas más profundos y, sobre todo, para denunciar a través de la fantasía el machismo del mundo real. Como detallaré cuando hable de los personajes, esto lo hacen mediante las interacciones de Lynne y Arthmael.

«El amor no es pertenencia, el amor debería ser libertad».

El ritmo en el que avanza esta novela es desigual: en algunos fragmentos la acción es rápida y hay escenas de mucho movimiento, pero en otras partes la acción se detiene para dar paso a monólogos interiores de los personajes.

Sueños de piedra es una novela de personajes más que de acción. Iria y Selene hacen hincapié en el carácter y la evolución de Lynne y Arthmael, que comienzan siendo dos polos opuestos. Lynne es una huérfana que llevaba trabajando como prostituta desde los 14 años, una joven pobre y sin ninguna oportunidad en la vida hasta que decide escaparse del prostíbulo tras cometer un crimen terrible. Es feminista, valiente y luchadora. Al mismo tiempo, Lynne no posee ni una pizca de autoestima y está muy traumatizada por todo lo que ha tenido que vivir.

Lynne
Ilustración de Lynne por Lehanan Aida

Por su parte, Arthmael es un príncipe al que le quieren quitar su derecho a ser rey, y decide escapar del reino para realizar hazañas que le demuestren a su padre, el rey, que es digno de la corona. Es machista, egoísta y testarudo, así que su carácter y el de Lynne chocan desde el principio, lo que da lugar a escenas de confrontación y a diálogos que podrían ser perfectamente actuales (tras la ilustración hay un fragmento de uno de estos intercambios, en el que Lynne le habla a Arthmael).

Arthmael
Ilustración de Arthmael por Lehanan Aida

«Las mujeres, pedazo de imbécil, somos igual de válidas que vosotros. Que algunos hayan hecho de este mundo un lugar de hombres no significa que no seamos dignas de vivir en él, de ocuparnos de nuestras vidas, de hacer lo que se nos antoje con ellas. (…) Somos libres e inteligentes, e igual de capaces de realizar cualquier tarea que los hombres».

Por otro lado está Hazan, el tercero de los personajes principales, que es un niño de catorce años que estudia magia, aunque no se le da demasiado bien. Es inocente, tierno y dulce, y en muchas ocasiones es quien consigue apaciguar las disputas entre Lynne y Arthmael.

Hazan

Ilustración de Hazan por Lehanan Aida

Aparte de ellos tres, las autoras crean varios personajes secundarios muy diversos: el dueño del prostíbulo donde estaba encerrada Lynne, la familia de Arthmael, hechiceros, etc. Con respecto a esto, me quedé fascinada ante la habilidad con la que Iria y Selene supieron crear personajes. Les dan a todos un toque personal que ha sido la clave para que los lectores de esta novela nos engancháramos a su historia.

La narración se desarrolla en primera persona de la mano de Lynne y Arthmael, un capítulo cada uno. El estilo, muy bien fundido entre ambas autoras, es directo, muy ágil de leer y divertido en muchas ocasiones. No abundan las descripciones de los escenarios ni de los personajes, pero Iria y Selene logran enmarcar cada escena con facilidad.

«El mundo se mueve con fuerza de voluntad. Luchando. El mundo se sigue moviendo día a día porque hay gente lo suficientemente decidida como para seguir creyendo, incluso si todo se pone en contra».

Este libro me encantó, me hizo sentir incluso mariposas en el estómago cuando se daban las escenas más tiernas. También fue capaz de hacerme sentir miedo, asco, rabia… pues Iria y Selene saben transmitir al lector lo que los personajes sienten con una enorme habilidad. Sueños de piedra logró emocionarme, hacerme reír y también suspirar. El final, que obviamente no voy a desvelar, me dejó muy satisfecha y me resultó muy acertado.

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