Cincuenta sombras de Grey: por qué me parece un libro peligroso.

Decidí leer Cincuenta sombras de Grey por una razón, básicamente: comprobar cómo era por mí misma para así poder criticarlo según mi propia experiencia. Sabía que el libro no me iba a gustar, ya me habían informado de que era muy malo, pero lo que encontré superó cualquiera de mis expectativas, por horribles que fueran.

Cincuenta sombras de Grey es, hasta ahora, el peor libro que he leído en mi vida. En otras circunstancias lo habría dejado a medias (ganas no me faltaron en muchas ocasiones), pero si quería hablar de él en profundidad debía leer hasta la última de las páginas. Y diez días después de comenzarlo, logré terminarlo. Se me hizo pesadísimo, no sólo por lo malo que es el libro en sí (para leer la reseña literaria que he hecho sobre él, pincha aquí), sino por la cantidad de escenas denigrantes, machistas y de acoso que he encontrado.

Por un lado tenemos a Christian Grey, un empresario muy joven y guapísimo ante el que todas las mujeres parecen caer rendidas. ¿Quién se iba a resistir a semejante “Adonis”, según lo califica la protagonista? Y por otro lado tenemos a Anastasia Steele, una chica inteligente, inocente, estudiosa, que se gradúa con una media muy buena y que, cómo no, cae a los pies del señor Grey y no es capaz de evitar enamorarse perdidamente de él. A Christian Grey le gusta controlarlo todo, y Anastasia pronto descubre que eso también se extiende al ámbito sexual. Y aquí viene el meollo del problema con este libro…

Las prácticas sexuales son una cosa, la vida individual de cada persona es otra. Ni Christian ni Anastasia entienden la diferencia, y así como él pretende controlarla en cada aspecto de su vida, ella lo consiente porque él “es así”.

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Poco antes de llegar al centenar de páginas de este libro, está la primera escena en la que se muestra el acoso que Christian lleva a cabo sobre Anastasia. No la conoce de nada, ella sólo le ha hecho una entrevista para una revista, pero él se cree con el derecho de rastrear su móvil para saber dónde se encuentra.

Lo peor de todo es la última frase que se muestra en la imagen: “Por alguna razón, porque es él, no me importa”. Aquí reside el principal problema: este acoso se consiente y se romantiza durante toda la novela.

Otro ejemplo de una escena de este estilo se encuentra casi al final de la novela. Anastasia tiene que ir a casa de su madre a cenar (su madre vive en otro estado de los EE.UU., lejos de Anastasia y de Christian), y él la sigue hasta allí:

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Como digo, este acoso se romantiza: la protagonista parece encantada con él, y se le hace creer al lector que una pareja como Christian es algo ideal porque a Anastasia no le molesta. Al fin y al cabo solo se está preocupando por ella, ¿no? (Nótese la ironía.)

Anastasia puede parecer incómoda en algunos momentos por este acoso continuo, pero no llega a decir nada negativo e incluso le parece bien. ¡Hasta lo agradece! Ella ve a Christian como un perfecto caballero, sin tener en cuenta, claro, que no es muy caballeroso rastrearte el móvil y perseguirte cuando intentas irte de vacaciones para descansar precisamente de él.

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Por cierto que esto de las vacaciones también tiene tela. Veamos: Christian le ofrece un contrato para ser su amo y que Anastasia sea su sumisa, y ella no sabe si firmarlo. Entonces, ya que su madre vive a unos 5000 kilómetros y casi no se ven, decide irse allí de vacaciones unos días y descansar, y así poder pensar con tranquilidad sobre qué va a hacer con Christian.

Cómo no, no lleva allí ni un día cuando Grey se presenta allí, precisamente en el mismo bar en el que Anastasia está tomando algo con su madre. Anastasia en un principio se molesta por que Christian no le deje tener vacaciones, pero él la amenaza con irse y ella le suplica que se quede. De nuevo, la autora hace que Anastasia consienta esto y que, poco después, se muestre agradecida de ello, y con esto manda un claro mensaje de que tenemos que dejarnos controlar por nuestras parejas, porque es amor.

Por otro lado, Christian tiene unos cambios de humor increíbles y Anastasia intenta seguirlos y no meter la pata. Cuando comprende que el humor de Christian es, por decirlo de alguna manera, complicado, decide ir con pies de plomo constantemente. Siempre mide lo que dice, no vaya a hacer enfadar al señor Grey… Esto destroza poco a poco la estabilidad emocional de Anastasia y ella lo sabe, pero sigue sacrificándose por Christian.

Conforme avanza la novela se va descubriendo la supuesta razón del gusto de Christian Grey por estas prácticas tan curiosas. Aquí viene el momento estrella de la novela, cuando se descubre el pasado de Christian y la posterior reacción de Anastasia. Si alguien piensa leer este libro, advierto de que esto es un spoiler, así que saltadlo si queréis, pero la verdad es que es algo muy predecible (además de que no sé si quedan spoilers por hacer de este libro en 2018). Resulta que Christian tuvo una infancia dura. Su madre era prostituta y adicta al crack, y Grey tuvo que presenciar escenas muy crudas, además de sufrir agresiones físicas.

Es a partir de este momento cuando Anastasia le tiene compasión, y aquí reside uno de los problemas centrales del libro: como Christian tuvo una infancia complicada, hay que entenderle, consentir su comportamiento por muy dañino que sea para los demás y tenerle compasión. Y esto, por mucho que el libro sólo sea un libro y por mucho que esta historia no sea más que eso, una historia, se extiende al mundo real fuera de sus páginas.

Una persona que sufra acoso y este trato por parte de alguien no debe consentirlo ni tenerle compasión a su maltratador porque tuvo una infancia difícil. Nada justifica este tipo de comportamientos, y lo peor de Cincuenta sombras de Grey es el intento que hace la autora por humanizar a un maltratador, por conseguir que los lectores sientan pena por Christian. He llegado a leer en foros cómo calificaban a Grey como “tierno”.

¿Este señor es tierno?

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E. L. James intenta que, así como Anastasia se compadece de Christian, también lo hagan sus lectores, y aquí está lo peligroso: en el libro se vende la imagen de un acosador y de una persona violenta y controladora como un ser tierno y deseable al que, además, hay que perdonar y comprender.

A raíz de pasearme por foros de opinión sobre esta saga, he dado con testimonios bastante… bueno, poned el calificativo vosotros.

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El último comentario me ha dejado estupefacta, y tengo dos cosas que decir respecto a él. La primera es que sí, en un principio a Christian lo iba a interpretar un actor homosexual y la escritura lo rechazó precisamente por su orientación sexual. Por lo visto, ni la autora ni la persona del comentario entienden la diferencia entre un actor y un personaje.

Y lo segundo es que, no sé ella, pero desde luego a mí no me gustaría haber perdido la virginidad como lo hizo Anastasia…

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En resumen: en Cincuenta sombras de Grey se intenta romantizar una relación abusiva. Al margen del sexo, lo que hace Christian con Anastasia es acoso, y en el libro se pinta como una historia de amor que, en realidad, es una relación enferma, tóxica y peligrosa. El problema reside en que, así como la autora idealiza este tipo de relación y la intenta hacer deseable, muchos lectores realmente desean vivir algo así, como hemos visto en algunos de los comentarios que he puesto arriba. Ahí es donde se traspasa la línea de ser “una historia” como puede ser cualquier otra novela a ser un peligro real.

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